Hay días que el periodista en proyecto amanece en cruz. El futuro de la profesión pinta tan negro como el medio ambiente. Cuando una vuelve la vista atrás y recuerda lo que un día fue, no puede menos que ponerse melancólica. Y es que cuando se llega a la carrera del journalist, o es lo único que siempre soñaste con hacer y que te veías ejerciendo durante el resto de tu vida o saldrás con ganas de estudiar siete u ocho años medicina. Si se pertenece al primer grupo seguramente se salga vivo a pesar de las adversidades, otra cosa es la trayectoria una vez fuera de las dulces paredes que recubren la tarta de chocolate que es el ámbito universitario.
Estando a punto de terminar el ciclo escolar de la vida, te empiezan a pedir que pienses a qué te vas a dedicar hasta que te jubiles y lo cierto es que no se suele tener excesivamente claro. Si se me permite hablar mirándome el ombligo, yo era de las tozudas a las que nadie ni nada van a hacerla cambiar de opinión. Profesores y directivos del lugar al que acudía cada día para formarme como estudiante, y porqué no, también como persona, pasaron meses disuadiéndome de tomar el camino que me llevaría (decían) a pasar una vida de miserias, calamidades, sin familia o una familia rota, sin un rumbo fijo, atada al trabajo. Se referían, como no, al camino del periodista. Pero yo tenía otra visión del periodismo, una que ha vuelto a mi cabeza al leer a Pérez-Reverte.
Francisco Amores no tenía estudios, sin embargo le apasionaba leer y escribir, era inquieto, así que acabó trabajando para el ABC. Tal era su éxito, tal su facilidad y amor para encontrar la noticia, y lo más importante, buscarla, que en ocasiones llegaba a plasmar sus escritos hasta llenar el periódico del día por completo. La que escribe no tuvo ocasión de saber esto hasta que tuvo 18 años y confesó en familia hacia dónde quería encaminar su vida. Apenas conocí a mi abuelo, no supe a qué se dedicó hasta aquel momento, sin embargo siempre supe que quería ser periodista. Y la periodista que yo deseaba ser era justo aquella que vi en los relatos que aún se conservaban de mi abuelo. Hace poco, coincidí con Antonio Burgos y me emocioné al escuchar un “Tu abuelo sí sabía ser periodista, yo lo aprendí todo con tu abuelo”.
Arturo no busca la noticia, porque no es a lo que se dedica, pero sí escribe como debiera hacerlo cualquier otro. El miedo a no avanzar, a que no se nos permita ser grandes y conocidos nos mantiene atados a las líneas editoriales de los periódicos, a las ideologías de las cadenas, de un modo que la subjetividad, por más que durante cinco años se te enseñe como tu máxima meta, no existe. Y no es que la subjetividad sea mala, no lo sería si realmente pudiese expresarse y confesarse como tal, pero eso por supuesto no sería conveniente. El periodismo está vendido, pero al leer cosas tales como “Con ánimo de Ofender” de Arturo Pérez Reverte, el sueño que se tiene desde enanos sigue vivo. Esa idea de poder decir lo que quieras y como quieras, de poder ser verdaderamente subjetivo como individuo y no como medio, es lo que te mantiene con fuerzas, y es a lo que te aferras cuando las clases y el día a día se te hacen un invierno frío.
Aquí el escritor tiene la oportunidad de brindarnos sus más duras críticas sin dejar atrás su estilo original. La “ofensa” que nos muestra llega a ser halagadora, al menos para quien cree en las causas justas. Compartiendo o sin compartir opiniones, es de sabios quitarse en sombrero ante tal valía. Hoy día hay temor a pasar ciertas líneas. Ya sea en radio, prensa o televisión. Chapó.
He leido todo lo que has escrito, con lo cual, se puede decir que me has emocionado con esta historia salida de tus entrañas y he de decirte que a tu edad tienes la cabeza bien amueblada (aunque conociendote parezca lo contrario) para esta profesion; asi que sigue asi que llegaras muy lejos y te auguro un porvenir muy prometedor. Me quito el sombrero y lo de chapo mejor va por ti. Un abrazo de un amigo.
Ojalá tengas razón y podamos salir algún día de los ventanales rojos de nuestra querida facultad. Como bien dices, no hace falta estudios académicos para dedicarte a lo que quieres, tan sólo hacen falta ganas.
Un beso, enhorabuena por el blog
Hola Pilar.
Pili, Pili. He de decirte que me ha encantado cada línea de lo que en este artículo has contado. Tú, te lo aseguro yo, llegarás muy lejos, porque vales y no porque sí. Se te nota que tu deseo no es tenerlo fácil sino ser lo que quieres ser. Así estamos unos cuantos, y la ilusión es la de caminar, por lo que camina sin miedo.
Un abrazo muy fuerte.
Hola Pilara,
Soy tu tia putativa. No sabia que escribieras tan bien, me has dejado alucinada. Que nuestro “ronquío” ya es toda una mujer y conoce tres veces mas mundo que el que conocemos nosotros con el doble de edad!. Aunque no te lo he dicho admiro tu valentía por ser capaz de irte sola tan lejos y buscarte la vida… sigue así, y por supuesto nada de “Rodolfos Langostinos”, aunque estoy segura de que vendrás a por el producto nacional. Bueno el enani te añora (aunque no ha preguntado por ti ni una vez, sorry), bueno todos nos acordamos de ti y ahora que he descubierto este medio voy a seguir escribiéndote, así que contéstame. Por cierto es la primera vez que hago un comentario de estos (soy una cateta). Un beso muy fuerte y cuídate.