CIRQUE DU SOLEIL, VAREKAI
“En la cumbre de un volcán oculto en la frondosidad de un bosque, existe un mundo extraordinario… un mundo donde algo completamente diferente es posible. Un mundo llamado Varekai…”
Así comienza esta magnífica puesta en escena. El inocente Ícaro pierde sus alas y cae del cielo a un universo de excentricidades maravillosas que lo envuelven en lo desconocido. En la aventura hacia su metamorfosis será ayudado por distintos seres que le tenderán su mano, lo enamorarán y le servirán de guía.

El Cirque du soleil nace de la ilusión de Guy Laliberté por canalizar su amor hacia las artes de una forma original. Desde que hace más de 25 años un grupo de artistas callejeros se diesen cita en Canadá para mostrar sus talentos, la compañía no ha parado de ofrecer espectáculos por todo el mundo. Una veintena de creaciones que han sabido deleitar a gente de todas las edades sin distinción alguna y que han sido mundialmente reconocidos con 42 premios entre 1989 y 2006.
El espectáculo que llega ahora España toma su nombre del lenguaje Romaní de los gitanos. Varekai es un “dondequiera”, en cualquier lugar, en cualquier sitio como habitaban esos gitanos, los nómadas. Nos encontramos por lo tanto ante un homenaje a este estilo de vida eternamente unido a la carrera circense.

Dominic Champagne, el director de la majestuosa obra, usa su varita mágica para tutelar a un corto número de empleados de todas las especies (acróbatas aéreos, cómicos, actores, bailarines, cantantes, malabaristas, equilibristas…) que se transforman en un sin fin de seres habitantes de la tierra Varekai. Con más de cien incursiones sobre el escenario en la televisión y el circo, además de contar en su haber con numerosos premios, la compañía puede presumir de estar dirigida por la mejor opción.
La clave de la impresión que el espectáculo causa en su público no reside esencialmente en sus números sino en la creatividad y la magia de lo que se plasma en el escenario. Para ello se calza una escenografía digna de cualquier sueño propio de un artista como Dalí. Con varas de metal en el fondo por la que los artistas pueden trepar se crea la ilusión de un bosque en el cual se camufla la singular orquesta de sonidos oníricos en directo. Una gigantesca escalera de caracol conduce desde la trasera hasta la cumbre de un fingido volcán de luz que se centra sobre la cúpula del circo. Los encargados de estas ilusiones son los experimentados Andrew Watson (director creativo) y Stéphane Roy (Escenógrafo).

Sorprendente es sin duda el vestuario y el maquillaje de todos los artistas. Emulando seres fantásticos, se pueden observar colores alegres, figuras deformes pero estilizadas y máscaras imposibles que trasladan al espectador a una espiral de sueños y lugares procedentes de un mismo sitios. Esto es posible gracias a la aguja de Eiko Ishioka (diseñadora de vestuario)y Natalie Gagné (diseñadora de maquillaje).
Pero si hay algo que deba destacarse del Cirque du soleil es el elenco de artistas tan variopintos con los que cuenta. Todos ellos, no sólo miembros de una familia o especialidad dentro del mundo del circo sino que además son plenos actores con o sin un título. Miradas cruzadas con un público entregado, haciéndoles partícipes en todo momento de lo que está teniendo lugar. Desde la primera aparición y presentación de la tierra extraordinaria y sus habitantes, los actores consiguen estremecer al más exigente siendo todo sensaciones y sentimientos. Ternura, miedo, alegría, timidez, curiosidad son sólo algunas de las palabras apropiadas para describir lo que palpita en cada asiento que rodea la “arena circular”.
El mensaje que se desea transmitir a través de todos los números es el deseo de vivir, de conocer y superar todos los miedos , de superar día a día los obstáculos que se nos plantan en el camino. A levantarse al caer, a renacer cual Ave Fénix de nuestras propias cenizas. Para ello, debemos percatarnos de que siempre hay luces para guiarnos en la eterna senda de la vida. Recuerdos y experiencias de los que valernos ante las dificultades y situaciones futuras que servirán de inspiración para ayudarnos en el cambio. La Prometida, El Vigía y el Guía serán los encargados de enseñar a Ícaro y el resto de los presentes esta filosofía durante las dos horas de duración del espectáculo.

La acción se plantea en catorce actos o números. El aro aéreo nos muestra las habilidades de una joven suspendida en el aire con un aro. Las correas aéreas sirven para enseñar la complicidad de dos jóvenes que se sincronizan para crear figuras en las nubes. El vuelo de Ícaro es la incursión del protagonista en nuestras vidas que por medio de una red plasma sensiblemente su caída desde el cielo. Por otro lado nos topamos con una danza georgiana inspirada en los combates de dicha potencia con sus enemigos. No es menos estimulante el ejercicio de flexibilidad resultado de los equilibrios sobre unas varas o los Juegos Icarianos en los que una familia realiza una serie de números de malabarismos humanos. Precisamente los malabares son el fuerte del artista Octavio Alegría que a través de balones, sombreros o pelotitas de ping pong nos lleva a lo imposible. Unos Columpios rusos sirven a otros acróbatas a realizar increíbles saltos individuales y cruzaros que dejaran a más de uno sin aliento. Mientras que una superficie deslizante nos transporta al mar gracias a los movimientos y saltos que los actores realizan sobre ella.
Especialmente sobrecogedor es el Solo sobre muletas efectuado cual marioneta que maneja los propios hilos de su vida. Este esperanzador número se ve animado por la danza de cuatro mujeres sobre un Triple Trapecio que incitan a la sensualidad y el jugueteo. Números todos ellos aderezados por el humor de unos clown, como no pueden faltar en ningún circo, peculiares por el absurdo de sus números en los que uno no puede dejar de reír. Tampoco podían faltar los niños, que a través de los Meteoros de agua nos recuerdan lo importante y frágil que es la pureza del alma.

Los cuatro elementos se dan cita en esta carpa de emociones que le mantendrá pegado a la butaca con una sensación de bienestar y felicidad provocado por las sonrisas y los aplausos constantes que en usted sacará el propio espectáculo. Un show con un precio quizás un poco elevado pero que realmente merece la pena antes que desprenderse del dinero en otros vicios. Una obra maestra en todos los sentidos.