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Archive for the ‘Homenajes’ Category

Soñaba hace unas noches que un viento gélido desde tierras lejanas, susurraba a mi oído. “El río Guadalquivir llora”, gemía dolido. La tristeza invadió mi cuerpo, el desgarre no pudo menos que enviar mis lágrimas con él. Mi país desde la distancia emitía vibraciones sobrecogedoras, que hoy he vuelto a sentir. El río sevillano movía aguas turbias…

Es difícil plasmar ciertos sentimientos, especialmente los infelices. Desearía que las palabras fuesen colores y mis manos el pincel con las que expresarlos. Ahora mismo sin embargo no sabría que tonalidades utilizar, o quizás sí.

Permítanme hablarles de un color azul verdoso, como el de las aguas de mi río. Se trata de un color que ha estado presente en mi vida desde que tengo recuerdos, de un color que ya se hacía presente y querido mucho antes de que yo viera la luz natal. Este color ha acompañado a mi familia, conocidos y amigos en toda clase de momentos y eventos, causando sonrisas derredor, haciendo brillar las caras de los que tenían la suerte de toparse con él. Aún en la distancia, incluso cuando durante un tiempo dejabas de percibir su matiz, siempre oías hablar del color azul. Nunca escuché a nadie decir que no le gustara o que debiese renovar algo de su tonalidad. Este color realmente era amado, se hacía amar. Fue un color que nació, se crió y vivió en Triana la mayor parte de su vida (no podía ser de otra manera). Jugaba con los niños en sus calles, enamoró a las mujeres por sus rincones, e hizo de su color descendencia.

Recuerdo la sonrisa de Jose…

Creo que la llevo grabada a fuego desde que era una cría. Aún me siento una niña cuando suceden cosas como estas. Pero la tristeza hace días que huyó con aquella sombra negra. Sé que el Cañete que yo conocí, que el mundo conocía, el amigo, maestro, campeón del mundo de remo, hermano, hijo, marido y padre nos está mandando un mensaje. Lo percibo en cualquier lugar. Contemplo el humo que desprende una vara de incienso, y veo su rostro, sigue siendo azul verdoso. No hay lugar para el negro, ni el gris, ni tan siquiera el blanco. Yo pienso en él y sólo veo colores alegres, ¿Acaso no los veis vosotros?

Mirad como ríe, no para de bromear, juega con su crío, besa a su mujer, disfruta con su familia y está al lado de sus amigos y conocidos. Sigue dando lecciones a sus alumnos y dejando su semilla por donde quiera que pase. Los recuerdos de una persona son las que lo mantienen con vida, los que la hacen presente, el amor que ha dejado a su alrededor, la vida que ha llevado. Por eso hay colores que siempre están a nuestro lado.

No quiero hablar de más tristeza, prefiero hacerlo sobre amor. Y hay pocos amores más fuertes que los que siente una madre. La de Jose ha querido acompañarlo en su nueva vida, apoyarlo y darle todo su cariño (¿no es eso lo que hacen las madres?). Debemos alegrarnos por ellos. Es extraño, pero no puedo evitar imaginármelos de la mano, ella joven, como su personalidad, pisando fuerte con sus taconazos de aguja, caminando con la falda de tubo y la compra del mercado,con su belleza de antaño que aún podía verse reflejada. Parece que se huele su puchero del que tanto me han hablado. Él de crío, deseando hacer de las suyas en la escuela. Creo que le debe estar acompañando al colegio en este mismo instante.

Leía estos días las noticias sobre mi color azul verdoso en distintos diarios, los comentarios de amigos y alumnos en cada uno de ellos. He visto tanto amor…

Para todos sus seres queridos quiero recomendar encarecidamente una película. Pienso en todo esto, e instintivamente acuden a mi cabeza muchas de sus escenas. En Big Fish, como se titula el film, veo a nuestro Cañete, y nos veo a todos nosotros, acompañándolo.

No pude estar en su “hasta luego”, y sin embargo puedo imaginarlo. Remeros y amigos del Club Náutico, alumnos y compañeros de Cortegana, amigos del colegio, del barrio, de toda la vida, compañeros de carrera y trabajo, familiares y él con todos ellos. Dicen que en la iglesia no cabía un alfiler…

Sigo escuchando, leyendo sobre él…para mi siempre fue una bellísima persona, para toda mi familia, y no me sorprendió observar por lo que conocía, los comentarios de aquellos que querían despedirse de él también a través de la red. Si me impactó por otro lado, el extremo cariño que le profieren sus alumnos. Durante mis 12 años escolares han pasado muchos profesores y profesoras por las aulas, y a muchos les recuerdo con cariño, pero no he sentido nunca aquello que veo reflejado en las palabras de los que estuvieron bajo el cargo de Jose Cañete. Cómo ya decía, tampoco me extraña…

Mis frases están llenas de puntos suspensivos, y es que hay huecos que nadie sabe cómo rellenar. Quiero pensar y animar a todos los que querían a esta entrañable y modesta persona, a que también piensen en un remedio. Querida Choni, queridos familiares, amigos y alumnos, este marido y padre ejemplar sembró una semilla que todos debemos cuidar y la que debe servir de consuelo para el hueco del que hablábamos. Que no existan rostros tristes para el Quiqui. Que el pequeño sólo encuentre sonrisas, ahora y siempre, sabéis que él hubiera hecho lo mismo. Esa sonrisa…

Hay personas que disfrutan haciendo felices a los demás. ¿No os hace felices el azul del mar? ¿Y el azul verdoso del Guadalquivir? ¿Qué hay del azul del cielo? ¿El príncipe azul? Es un color tan bello, tan alegre, tan vibrante, tan Jose…

“Anda iros que no os he visto”, diría a sus alumnos si los viese llorando (¿quién no lo ha hecho?). “Vámonos a Manolita”, animaría a sus acompañantes tras cualquier celebración o despedida. Cada cerveza, cada carrera, cada paseo por el río, él querrá acompañarnos, dejemos que lo haga entre risas…

Olé tú, Jose, y la madre que te parió.

Seguid repartiendo cariño y sonrisas desde arriba. Nosotros no nos olvidaremos de recoger vuestros colores cada día desde aquí abajo. Hasta pronto.

POSDATA: Contándole a uno de mis apoyos en Argentina la situación, resolvió escribir algo tan bello que no he podido resistirme a añadirlo. Gracias Santi.

Grito en silencio

No encontré forma alguna de escaparme, no resolví en ninguno de mis sentidos. Me arrodille, me levante, me acosté, volví a levantarme e intente comprender los silencios eternos. Sentí que los días no se parecían, intentaban distraerme, como si traicionaran cada uno de mis actos al sentirme respirar. Me levante, me arrodille, me acosté y volví a levantarme.

No había gotas en el piso, algo había secado en mí…. Mire al espejo,, note leves ausencias, esas ausencias que solo los ojos pueden ver…. Me acosté, me levante, me arrodille y volví a levantarme….

No había suficiente energía como para encontrarme (como siempre) en el sol… no había ni motivos, ni abismos…. Solo esa extraña sensación de perder todo sin desear la nada. Me levante, me acosté, me arrodille y volví a levantarme,,,,, para entonces, el calendario no respondía mis preguntas, solo se interesaba por girar, mientras yo, gritando, le pedía que retroceda, que intente quebrar sus leyes, destrozar su destino y devolver parte de lo que me había quitado. Me acosté, me acosté, me arrodille y volví a levantarme…

Abrí mis ojos, mire el cielo habitual…. no entendía porque las horas pasaban y mis deseos eran más que espinas y aguijones…. me levante, me arrodille, me arrodille y volví a levantarme………. Fruncí mi seño, como si buscara en mi interior el escape a tu ausencia… y resolví allí, resolver nuestro encuentro…… me levante, me arrodille, me acosté y no volví a levantarme.


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